Vigo exhibe su pasión e incondicional devoción por el Cristo de la Victoria

Las altas temperaturas que ayer volvieron a poner a toda la comunidad en alerta naranja no pudieron con la pasión y devoción que los vigueses sienten hacia en Cristo de la Victoria. Miles de personas volvieron a arropar al Santísimo durante las dos horas y media de recorrido entre la Concatedral de Santa María y Porta do Sol. Los soportales de O Berbés estaban abarrotados y las botellas de agua se contaban por miles, pero los fieles lo son en cualquier circunstancia. A las siete y media de la tarde salió la imponente talla por las puertas de la Colegiata bajo una atronadora ovación y con los acordes del himno nacional de fondo. «¡Viva el Cristo!», gritaban los presentes antes de adentrarse en la calle Real.

La intensa ola de calor que concluía ayer hizo que numerosos devotos adelantasen varias horas la procesión. Muchos completaron el recorrido justo después de que el obispo de la diócesis Tui-Vigo oficiase la misa solemne de la mañana. Muchos otros lo realizaron desde primera hora de la tarde y los más atrevidos se animaron a marchar en la noche del sábado. Sus velas sirvieron para iluminar el barrio histórico antes de que se apagase definitivamente a altas horas de la madrugada.

El exdirector del Puerto de Vigo, Luis Lara, encabezó la comitiva que acompañó al Santísimo por las calles de la ciudad. Los primeros metros del recorrido son también los más espectaculares. La estrechez de la calle Real consigue que la figura pase muy cerca de los balcones y que los propios vecinos puedan acariciar su imagen. El alcalde Abel Caballero y buena parte de la corporación local también mostraron su respeto y fervor por el Cristo durante todo el trayecto. También estuvo presente el obispo Quinteiro Fiuza, la pregonera de esta edición, Victoria Besada, y la Hermana Mayor de la cofradía, Marora Martín-Caloto, entre otras autoridades.

El Santísimo accedió a O Berbés llena de pétalos de flores que repartió entre los asistentes el secretario de la cofradía, Carlos Borrás. Muchos de los agraciados no pudieron evitar derramar lágrimas de felicidad. Tras rodear la plaza marinera para dirigirse hacia A Laxe llegó uno de los momentos más aplaudidos por los presentes. Los barcos atracados en el Puerto de Vigo hicieron sonar sus sirenas para mostrarle al Cristo su fervor. Cuenta la leyenda que un barco cargado de sal encontró en altamar una imagen de Jesús Crucificado y su tripulación, tras una fuerte tormenta, la dejó en Vigo, donde es venerada desde hace siglos. Los cofrades hicieron girar al Santísimo cara al mar para devolver el agradecimiento y el público no dejó de aplaudir durante unos interminables y emocionantes segundos.

Como es habitual cada primer domingo de agosto, los hostaleros quisieron aportar su granito de arena y retiraron sus terrazas para facilitar el paso de la comitiva. Durante unos metros el Santísimo compartió postal con las pistas de skate y BMX instaladas en As Avenidas de cara a la XVIII edición de O Marisquiño, que volverá a llenar de gente el centro de la urbe olívica durante el próximo fin de semana.

La movilización de miles de personas obligó a un importante dispositivo de seguridad por parte del Concello, que entre agentes de la Policía Local y miembros de Protección Civil movilizó a casi un centenar de efectivos. Su principal labor fue la de cortar y regular el tráfico en las calles afectadas por la procesión. A mayores, Cruz Roja dispuso de sendas ambulancias ante posibles emergencias médicas.

Fue en el giro entre Montero Ríos y Concepción Arenal donde se vivió uno los instantes más cómicos del recorrido. Un grupo de turistas extranjeros caminaba con sus maletas hacia el hotel en el que se hospedan cuando se cruzaron con toda la comitiva. Boquiabiertos, no dejaron de hacer fotografías y vídeos con sus móviles mientras balbuceaban la palabra increíble. Porque el Cristo, que pertenece a los vigueses, tiene carácter universal.

El último tramo del recorrido, por Colón y Policarpo Sanz, estuvo iluminado por las miles de velas que portaban los acompañantes del Santísimo. La propia figura lucía las suyas propias en una imagen tan bella como espectacular.

La procesión del Cristo de la Victoria trasciende del ámbito religioso. Es sinónimo de pertenencia a una ciudad, a una forma de ser y de vivir. Mayores, jóvenes o familias enteras, el evento no entiende de edades ni de creencias. Ayer no faltaron los devotos que completaron el camino descalzos. Unos por agradecimiento y otros por fervor, continúa siendo habitual ver a personas en contacto con el asfalto mientras llevan los zapatos en la mano.

Ya en Porta do Sol tuvo lugar la ofrenda floral que cubre de flores la imagen del Santísimo. El obispo Luis Quinteiro Fiuza quiso dirigirse al Santísimo para pedirle «perdón y «misericordia» para todos los presentes. «Hoy queremos decirte, Santísimo Cristo, que tengas paciencia con cada uno de nosotros. Sabemos que sin tu misericordia nada se sostiene adecuadamente. Danos tu misericordia y concédenos el gozo de poder tener la experiencia íntima de tu amor incondicional», señaló durante su discurso.

Ahora al Cristo de la Victoria le tocan unos días de descanso en la Concatedral antes de volver a su lugar en el altar mayor hasta el primer domingo de agosto de 2019.

Fuente: Faro de Vigo

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