Quince horas de devoción viguesa

La ciudad desfiló durante más de quince horas en honor del Cristo de la Victoria. Una demostración de devoción y fe que comenzó con las primeras luces y que no cesó hasta cerca de la media noche y que tuvo en las casi tres horas de procesión oficial su momento álgido. Los devotos llegaron desde todos los puntos de Vigo y su área metropolitana, realizando todo el recorrido en algunos casos descalzos e incluso de rodillas, como fue el caso de una mujer. Y como siempre, el motivo que les llevaba a caminar, algunos descalzos y con traje de penitente, era alguna promesa cumplida o el pedido de algún favor, generalmente relacionado con la salud y el trabajo.
Y mientras los cirios luchaban con la brisa, el Vigo que no podía parar continuaba su actividad cotidiana. Eso es lo que sucedía en los bares cercanos a la plaza del Berbés, donde los fieles esperaban poco antes de las siete y media de la tarde -hora en que la imagen salía de la Concatedral- para unirse al cortejo. Allí, en los dos únicos establecimientos abiertos no había un minuto de respiro sirviendo refrescos y cañas bien frías, que entre el calor reinante y la caminata a muchos fieles parecía urgirles reponer líquidos para continuar con el peregrinar.
La imagen mientras tanto surcaba ya las balconadas de la calle Real buscando la amplitud de la plaza. Los voluntarios del Ayuntamiento se desdoblaban controlando que las vallas canalizasen el tráfico por el túnel y las columnas de devotos que seguían desfilando como un cauce interminable y cada vez más caudaloso. Algunos curiosos preferían los balcones engalanados para seguir la procesión y otros se encaramaban en el alto de San Francisco, junto al comedor de la Esperanza, para contemplar el desfile con la perspectiva que daba la distancia. En otros casos, como el de Toño y su madre Josefa -con problemas de movilidad- buscaron un lugar a la sombra y colocaron una silla para «que ella pueda ver pasar el Cristo. A mí me gustaría participar, pero así es imposible». En la cancha deportiva del Berbés, un grupo de jóvenes juega despreocupadamente. Al preguntarles si sabían por qué había tanta gente desfilando alrededor de la pista asintieron con la cabeza y murmuraron «es el Cristo, ¿verdad?».
Una de las novedades fue la grabación de la procesión. Imágenes que permitirán a los visitantes de la web de la Hermandad del Cristo de la Victoria revivir uno de los actos religiosos más importantes de la ciudad que logra, año tras año, reunir a cerca de tres tercios de la población de Vigo. Un fenómeno religiosos y sociológico que además contó con la ayuda del astro rey, que no apretó demasiado haciendo más llevaderos los cerca de tres kilómetros de recorrido. La próxima cita será dentro de un año y bajo la misma devoción.

Fuente: Atlántico Diario

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