DISCURSO DE LA HERMANA MAYOR DE LA COFRADÍA EN EL PREGÓN 2019

Sr. Alcalde, querido anfitrión,
Corporación Municipal,
Dignísimas autoridades,
Sr. Obispo,
Sr. Obispo Emérito de Lérida, querido predicador,
Sr. Guardián del Cristo,
Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria de Vigo,
Amigas y amigos,
Buenos días y muchas gracias por acompañarnos en este acto.

Alcalde, te agradecemos un año más tu acogida y apoyo, así como el esfuerzo de la Corporación que presides.
En estas fechas, la policía, protección civil y vías y obras, aumentan su trabajo, coadyuvando con su esfuerzo a que la procesión pueda discurrir con naturalidad.

Como cada primer domingo de agosto, el pueblo de Vigo saca en procesión a su Cristo de la Sal y desde las Instituciones y la Cofradía, nos esforzamos en que su voluntad se lleve a cabo, poniendo a su servicio nuestro esfuerzo y cariño.
Gracias a todos.

Este año ha ocupado la cátedra de nuestra con-catedral (a la que esperamos denominar en breve con títulos más sonoros), el Obispo Emérito de Lérida, quien a lo largo de la novena nos ha ido haciendo ver las cosas de siempre desde otros puntos de vista, poniendo el acento en que Dios es Amor.

Me atrevo a resumir sus enseñanzas repitiendo su idea fuerza de que «en Jesús se nos manifiesta la ternura de Dios.»
Gracias Don Juan por su tiempo y sus enseñanzas.

Vigo ha recibido muchos apelativos a lo largo de su historia. A mí me gusta especialmente «Vicus Aeleni» o «Vicus Caeleni», que viene de «caelum» que es el nombre latino del cielo, que desde nuestra ciudad tiene una especial belleza.
Si miramos a poniente desde el Castro, pasando por Bouzas, vemos cerrando la ría de Vigo unas islas quietas (y es que la palabra Cíes significa «quietas, tranquilas, fijas»), que son cortejadas por el sol en el atardecer. En invierno se acerca a ellas descendiendo por la boca sur y va avanzando, poco a poco, para llegar hasta la boca norte en verano. Como se dice en gallego «o sol fai as beiras ás nosas iIIas, seica anda namorado delas» y con ese baile cambia constantemente el cielo al atardecer durante el año, regalando a Vigo un ocaso diferente todos los días, un cuadro maravilloso que Dios nos pinta con la promesa de un nuevo día.
Con razón los romanos les llamaban las islas de los dioses, porque este atardecer Vigués es único y, desde luego, Sr. Alcalde, no lo tiene Nueva York.

De entre estos muchos ocasos quisiera destacar dos atardeceres que son muy especiales: el de los fuegos del Cristo de los Afligidos de Bouzas, y el atardecer del día en que el pueblo de Vigo despide, desde la Puerta del Sol, a su Cristo de la Victoria, tras sacarlo en procesión. Bouzas y Vigo llevan 115 años caminando juntos. Empezaron su andadura con treinta mil habitantes y hoy mantienen el paso convertidos en una importante urbe de más de trecientos mil. En Bouzas las familias Freire, Gestoso y Costas, gente de mar, armadores y astilleros, han estado siempre vinculados a la Cofradía del Santísimo Cristo de los Afligidos. Actualmente, Iñigo Andonegui Freire, licenciado en derecho por la Universidad Complutense y empresario, ha tomado el testigo de sus mayores y es Cofrade Mayor. Este año nos honra portando nuestro estandarte, acompañado por José Santiago Rodriguez Mayordomo de la Cofradía y Santiago Moral Cofrade. La procesión de este año estará conducida por el Cofrade Mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo de los Afligidos, así que estamos en buenas manos porque la gente de Bouzas sabe ir con rumbo seguro, a puerto seguro.
Muchas gracias Iñigo.

En el elogio póstumo de Platón a Hipócrates, lo imagina caminando con Sócrates por los Campos Elíseos y reemprendiendo con él los diálogos amigables en los que buscaba, sin supersticiones, sin perjuicios, sin ideas apriorísticas, las causas profundas de las cosas, mezclando, para mejor enjuiciar, el razonamiento y la experiencia. Platón, en nombre de los filósofos de Grecia, elogia a Hipócrates, que era descendiente de sacerdotes médicos, por tener el valor de llevar la medicina a su verdadero fin, que es el curar, no por los procedimientos de la magia, sino por la evolución lógica de la inteligencia.

Traigo a colación al padre de la medicina moderna porque hoy tenemos el honor de contar con un pregonero excepcional.
Pedro es un vigués nacido en Cespedosa de Tormes, que gracias al cruceiro de Hío y, en mayor medida, gracias al amor de su mujer María por su tierra gallega, está en Vigo desde 1981. Pedro Gil se hizo médico en Salamanca, se especializó en cirugía del digestivo en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y se doctoró en medicina en Salamanca. Durante su ejercicio profesional siguió vinculado a la universidad como profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y posteriormente de la Universidad de Santiago de Compostela. Un jovencísimo Pedro obtuvo la plaza de Jefe Clínico del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y al poco tiempo decidió trasladarse a Vigo. Sorprendido por su decisión, el que fue presidente de la Sociedad Española de Oncología Quirúrgica dijo en aquel momento lo siguiente «Espero que Vigo sepa el pedazo de médico que se lleva. Si a mí algún día me tiene que operar, quiero que me atiendan las manos de Pedro Gil.»

Desde sus 36 años, hasta su jubilación en el sector público, Pedro Gil ocupó el puesto de Jefe de Cirugía del Hospital Xeral de Vigo, tiempo durante el que ha sido un importante investigador en los ámbitos de la medicina general y más concretamente en el cáncer de mama, avances en tiroideología e infectología. Casado con una gallega de Santiago tiene tres hijas que crecieron en Vigo y siete nietos Vigueses. Hoy en día sigue ejerciendo la medicina, que es su pasión pero de la que ya lo sabe casi todo, por lo que dedica también su tiempo a perfeccionar sus conocimientos de tauromaquia. El Ilustrísimo Señor Doctor Don Pedro Gil Gil, Académico Numerario de la Academia de Medicina de Galicia, donde ocupa el Sillón Territorial de Vigo, nos honra hoy aceptando ser nuestro pregonero.

Gracias Pedro.

Si se me permite pretendo cerrar mi intervención haciéndole una petición a nuestro Cristo:
Vivimos tiempos convulsos, se maltrata nuestra educación en valores, está en crisis el matrimonio, la economía nos amenaza sin parar, la ética y la estética dando zarpazos y un largo etc., pero debemos mantener la esperanza porque desde siempre la agitación ha sido el preludio de tiempos mejores, ya que los seres humanos somos capaces de mejorar sin parar. Así que, este año, sin desesperanza y sin desmayo, como dice nuestro himno, alcemos la frente serena y volvamos a la fe que en nuestros padres brilló.

En la confianza en Él depositada, le pedimos a nuestro Cristo que, una vez más, nos conduzca de la aflicción a la victoria.
Muchas gracias.

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