Discurso del Obispo, Don Luis Quinteiro Fiuza, en la despedida al Santísimo

Aquí estamos ante ti un año más, Santísimo Cristo de la Victoria, al final de la sagrada tradición de esta procesión por nuestras calles en cada primer domingo del mes de agosto. En esta tarde caminamos a tu lado, como siempre, unidos a tantos devotos que siempre nos acompañan venidos de cerca y de lejos. Estamos ante Ti para agradecer tu cercanía y para pedir tu protección.

Te pedimos fuerzas para seguir caminando juntos y trabajando sin descanso para conseguir un mundo más justo y más fraterno. En nuestra vida hay muchas cosas por las que luchamos cada día. Vigo es una Ciudad de mujeres y de hombres luchadores. Hemos luchado y seguiremos luchando por el trabajo para todos, por el progreso, por la justicia social, por la igualdad en todos los ámbitos de la vida, por la dignidad inviolable de cada persona, por los derechos de los más necesitados. Esta lucha forma parte del corazón de esta Ciudad y, como en los momentos difíciles de nuestra historia, seguiremos unidos en ella para vencer esta profunda crisis que nos ha hecho tambalear.

Además de luchar, también queremos acoger y agradecer los regalos de la vida. Los vigueses tenemos mucho que agradecer a la vida. Hoy queremos agradecerte, Santísimo Cristo de la Victoria, las ricas tradiciones que nos legaron nuestros antepasados. Vigo es un fantástico crisol de tradiciones repartidas por nuestras parroquias y por nuestros barrios. Ésa es una extraordinaria memoria que hace que avancemos juntos hacia el futuro.

La profunda devoción que te tenemos, Santísimo Cristo, es mucho más que una tradición. Es parte de nosotros mismos y seña profunda de nuestra identidad. Es un gran regalo de Dios a nuestra Ciudad de Vigo que compartimos, llenos de gozo, con quien quiera caminar a nuestro lado. Queremos darte gracias por esta devoción que ilumina y ensancha nuestras vidas, ayudándonos a valorar todos los dones de la vida: nuestras familias, nuestros mayores, nuestros jóvenes, nuestros niños, el valor de nuestra fe.

Y junto a la acción de gracias por tu permanente protección, ponemos ante Ti, Santísimo Cristo, nuestras suplicas y oraciones. Te pedimos por nuestras autoridades y por todos los que tienen responsabilidades en nuestra Ciudad. Ayuda a los sacerdotes, religiosos y laicos de nuestra Diócesis a vivir el amor hacia los necesitados en una Iglesia cercana y servidora. Te pedimos por el descanso eterno de los seres queridos que se fueron ya a la otra vida. Concede la salud a nuestros enfermos. Infunde vigor y esperanza a nuestros mayores. Acrecienta nuestra generosidad para ayudar a los necesitados. Danos valentía para romper todas las barreras que engendran excluidos. Mantén la fuerza y los ideales de nuestros jóvenes. Protege especialmente la alegría y la inocencia de nuestros niños.

Hoy queremos hacerte dos ruegos muy especiales. Por encima de todas las necesidades de nuestra Ciudad, te presentamos la tristísima situación de nuestros parados. Fortalece, Santo Cristo, la constancia y el compromiso de todos para desterrar de nuestra tierra esta terrible lacra del paro que destruye la vida y los hogares de tantos hermanos nuestros. El tener un trabajo digno es condición indispensable para la vida y la esperanza.

Terminamos pidiéndote por las familias. Por todas las familias, pero de manera muy especial por las familias jóvenes. Los padres y las madres jóvenes tienen que asumir grandes responsabilidades laborales y sociales, a la vez que traen al mundo, cuidan y educan a nuestros niños. Te pedimos, Santo Cristo, que tomemos clara conciencia de nuestra obligación der abrir cauces de ayuda a las familias jóvenes. Especialmente te pedimos que nuestra sociedad sea más justa con las madres jóvenes. Ellas no pueden tener que renunciar a una vida laboral plena para ser madres.

Que nuestra Ciudad sea un modelo en la oferta abundante de ayudadas de todo tipo a las familias jóvenes.

Bendice, Santísimo Cristo de la Victoria, a esta tu Ciudad de Vigo. Bendice sobre todo a nuestros enfermos y a todos los que sufren por cualquier causa. Bendícenos a todos nosotros y haz que los vigueses y las viguesas nunca nos olvidemos de Ti. Amen

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